Analogía: Sentir frío

Por Olvi 

Desde el primer día de este año me estoy preguntando cómo he podido ir por la vida percibiendo confusa o equivocadamente las señales del presente. Siento la necesidad de saber qué pasa con el tiempo en mi interior y no en su cabal dimensión. Este 2014, y para mantener mi postura erguida, aspiro con fuerza el aire de las horas como un acto de fe, intentando mantener el equilibrio emocional felicidad-tristeza de un nuevo año que parece sentenciado y antecedido por otro con momentos de pérdidas significativas. 


Hoy, el primer día del año, observé que la puerta de enfrente sigue manteniendo el moño negro. La mujer de esa vivienda y yo nunca nos hemos hablado, es la única persona con la que me he permitido esa falta de cortesía, pese a ello nunca le habría deseado mal alguno, mucho menos el peor de todos, lo que le sucedió. Jamás la visité, ni di el pésame por su hijo, no sé por qué, simplemente no lo hice, al final nunca se sabe qué pasa cuando una persona desaparece. Eso me ha hecho pensar en mis vecinos, con algunos hay buena relación pero aún así ignoro el significado real de su importancia en mi vida. Es poco lo que haya de específico para que me desagraden y, hasta hoy, no tengo idea precisa para interponer o lamentar su existencia, sólo es que me he percatado que les evito hasta el límite escaso de sólo darnos el saludo cuando nos encontramos. 



Recordé que hace tres años, el vecino probablemente en sus 25 años, mochila al hombro, caminaba por mi calle mientras yo le observaba con el deseo de anticipar su destino. Aún ahora no tengo idea de por qué habría de interesarme en saberlo ni qué utilidad habría en ello, después de todo habitamos en una calle del mismo barrio. El joven completó su marcha, dobló en una de las esquinas hacia la derecha y desapareció. Continué observando y no habiendo pasado demasiado tiempo me percaté del paso de otra vecina de una calle aledaña, una joven posiblemente en sus 22 años, con vestimenta de tonos obscuros. Ella siguió similar trayectoria que la del primer vecino, quien había retornado a la vista de la esquina porque en realidad le esperaba en un punto de reunión acordado por ambos, eso supuse con cierta curiosidad.

Así de reiterativas son las escenas de lo cotidiano, pensé entonces, que muchas de ellas se repiten en distintas partes. Me alejé de la ventana y me dirigí a la cocina, coloqué agua para 6 tazas (5 medidas del grano molido tipo americano sobre el filtro), cerré la tapa y presioné el botón de "on". Caminé a otra habitación y presioné un botón similar en la computadora y sin saber por qué, aquel día primero de hace tres años, casi se repitió de manera similar este año. Con una pareja diferente, él sin mochila y ella en tonos claros, pero en esa misma esquina. Mientras tanto yo, con la misma cafetera, ahora sólo agua para 4 tazas y con una PC de otra marca, aunque conmigo mismo escribiendo las palabras: "la vida reflejada en un espejo es una analogía que da frío.”




La sombra de Prometeo

No hay comentarios:

Publicar un comentario