Filosofía, ética y corrupción, tres tópicos como aproximación al libro Nambréna

Luis Manuel Veloz
No es raro, en efecto, que muchos filósofos recurran al ninguneo cuando alguien de su gremio se dedica a escribir un libro sobre diversas problemáticas locales, acordes a su lugar de origen o condición social. Un filosofar que de entrada nos indique que su punto de arranque se da en México, Colombia, Perú, Ecuador, Paraguay, etc…, y olvide la filosofía perennis, no deja de parecer al día de hoy, para el filósofo purista, una desviación que no merece demasiada atención. De ahí el ninguneo. Naturalmente dicha postura para nosotros es limitada e incluso dogmática, por cuanto que cancela el diálogo y da por hecho una sola versión de la filosofía. Por el contrario, a nuestro modo de ver, los grandes problemas humanos, las grandes preguntas por el ser, la vida, el mundo, la política, etc…, no se postulan y articulan como si éstas estuvieran desprendidas de su historicidad y de la localidad que le son propias, no hay verdades definitivas. Y por ello mismo, este tema, que sin duda es complejo en su fondo, ha sido la piedra de toque para grandes propuestas filosóficas que han surgido y se han desarrollado poniendo énfasis en su localidad, un tanto al margen de la filosofía perennis.

No fue casual, al respecto, que Leopoldo Zea, siguiendo a Ortega, dijera y dijera bien, que teníamos que empezar por nuestra realidad, nuestra circunstancia, porque lo universal se daría por añadidura. Y para ejemplo por supuesto tenemos el libro de José Manuel Silvero, intitulado Nambréna. La experiencia que nos provee su lectura, en efecto, cumple completamente con lo que anunciaba Zea. A partir de la reflexión filosófica que realiza Silvero del Paraguay (que en este caso parece un campo poco explorado por aquellas tierras), a los lectores en México, que somos aún reducidos, nos ha revitalizado para pensar nuestra propia realidad. Así pues, lo que realiza Silvero al tocar y plantear problemas que se encuentran vivos en la tierra guaraní, inmersos en su complejidad, nos ha recordado a la vez nuestra circunstancia y con ello ha ido poco a poco en el camino inductivo, de lo particular a lo universal, con su debida cautela por supuesto.

Nambréna, por otro lado, hay que enfatizar, tiene el gran valor de ser un libro escrito sin la pompa y la oscuridad conceptual, o bien, aquellas palabras malabarísticas que muchos filósofos le imprimen a sus obras con el fin de ganar en lo que dicen ellos: la profundidad del pensar. Al contrario, si algo tiene Nambréna, es la claridad de su prosa sin restarle rigor a sus análisis. Sin duda, una gran cortesía por parte de Silvero a su lectores. Por el momento me voy referir de manera muy breve, a tres temas que a mi consideración no tienen desperdicio alguno en Nambréna. Quizás alguien podría decir, en efecto, que no son los más importantes del libro. O por lo menos no los únicos. Sin embargo me guio en este caso más por el gusto que me dio su lectura y porque de algún modo me he identificado con sus reflexiones en lo que toca al caso mexicano. De tal modo que ahondaré a grosso modo en tres puntos principales: 1) la filosofía, 2) la ética y 3) la corrupción.


En lo tocante a la filosofía, Silvero apuntala la crítica a ella desde el inicio del libro, pero hay que tener en cuenta que, si bien es cierto que hay una crítica, tal crítica es precisamente contra un modelo, según vemos, canónico del filosofar. Un modelo que en gran medida tiene su peso, por un lado, de la verticalidad del academicismo (aunque Silvero sea un académico), y por el otro, de la renuncia casi apodíctica por muchos agremiados de la filosofía de no mancharse un palmo con la realidad, con los problemas que suceden día a día en su contexto. Lo cual es grave. La imagen del filósofo que ve el mundo contemplativamente desde su torre de marfil, parece ser el mejor ejemplo de ello, sin que la imagen sea exagerada. Por tal razón, la primera de las tres epígrafes con la que Silvero abre el libro de Nambréna ilustra muy bien hacia dónde quiere llegar. En efecto, ese filósofo, que maneja el griego y el alemán, como dice la asistente de la conferencia, con términos profundos que hacen pensar que sólo es posible escucharlo y entenderlo si se es un iniciado, merecería un aplauso sonoro. 
Ahí tenemos el despilfarro de la verbalidad, el monólogo obscuro, que representa un modelo del filosofar que en la gran mayoría de los casos, tiende a cancelar de facto lo que no concuerde con sus respectivas categorías griegas o alemanas. Sin embargo, bien sabemos que Silvero en Nambréna no deja de lado esa filosofía occidental, abreva de ella porque su formación está ahí, pero también toma su distancia y más que nada distancia de la dogmaticidad que al tiempo ha ido ganando terreno en las universidades. En suma, Silvero toma de su formación filosófica-occidental lo que mejor le puede aportar a su reflexión y, además la complementa desde la cultura guaraní. No incluye una para excluir a la otra, más bien las toma en su punto medio, dando espacio y reconociendo que en ambas hay una rica visión del mundo que es muy útil y rica a la hora de aclarar sus preguntas. Por ello Silvero escribe: “En la cultura guaraní, podemos encontrar una serie de conceptos claros y muy efectivos para abordar, escudriñar y recrear el mundo. Es verdad que la cosmovisión guaraní no pueda suplir la contundencia de la “racionalidad” occidental. Por eso decimos que podría ayudar, desde el punto de vista didáctico, a fijar mejor —tal vez— las ideas y los conceptos, previa homologación.”[1] La filosofía, pues, no es un asunto exclusivo de un lugar o de ciertas personas. Lo que cambia es más bien la manera de aproximarse a los problemas y a sus posibles soluciones. Por eso Silvero enfatiza que si bien hay una contundencia en la racionalidad occidental, a la vez en la cultura guaraní existen conceptos que por otra vía nos acercan a una visión del mundo diferente y complementaria que no deja de ser relevante. Ahora bien. Visto lo anterior, pasemos al tema de la ética.


Ciertamente con el tema de la ética, digamos, con sus grandes problemas y argumentaciones a nivel teórico, sucede algo parecido con el término filosofía. Y no es para menos, la ética de hecho tradicionalmente ha formado parte del corpus de la filosofía. Pero ello no implica necesariamente que no se pueda dar una reflexión aproximativa a sus problemas desde otro horizonte. En Nambréna, esto es lo que se propone su autor: acotar por una ética material que tenga impacto, a su vez, en las prácticas concretas. De ahí que Silvero tome postura ante las éticas universales. Y quien mejor que Hegel, el acérrimo crítico de la ética kantiana, para reproducir una de sus ideas a modo de epígrafe para anunciar la dirección del escrito: “Buscad primero comida y vestimenta, que el reino de Dios se os dará por sí mismo” Acto seguido Silvero parte por la diferenciación entre ética, moral y derecho. Aunque se hallan vinculadas, como sabemos, existen pese a todo algunas distinciones que podemos resumir así: la ética es un estudio teorético de la moral, la moral, forma parte de las prácticas de convivencia de los grupos sociales, y el derecho, es la parte coercitiva que rige en la exterioridad, pone límites y obliga con la fuerza, el derecho (el derecho de Estado), necesariamente, como dice Silvero, sólo funciona sí y sólo sí está escrito, si es positivo.

Pero en medio de todo Silvero pone por delante un problema verdaderamente central, un problema que acota tanto de la ética como de la moral y el derecho, esto es: la justicia, la igualdad y la seguridad. Cierto, podemos leer entre líneas: justicia, igualdad y seguridad para el ciudadano; o bien, una apelación en contra de la opresión y en este caso en particular, en contra del funcionamiento profesional, de su ética. La relación aquí que se va a matizar entre lo justo, la igualdad y la seguridad con el respectivo mínimo de necesidades que se tienen que satisfacer, vienen a ser importantes para que se cumpla o tienda a garantizarse plenamente la funcionalidad del individuo; pensamos por supuesto: en la atención médica, la alimentación, la vivienda, etc. Y por ello no es gratuito que Silvero se pregunte sobre las condiciones en las que viven los profesionales y sus familias, o cuál es la realidad que los determina[2] en aras de cumplir con sus funciones sociales acordes a la norma.



Y con lo que se encuentra el filósofo tomando como perspectiva las estadísticas, es con la contundencia de los números. De manera inmediata, lo que se muestra es penoso, el acrecentamiento de la pobreza para los más, y un mínimo de riqueza para los menos, en donde los menos son un grupo reducido, una élite. Y en donde lo más conforman al amplio cuerpo de la fuerza de trabajo. En suma, lo que vemos es que, en lugar de que se dé una mejora en las condiciones de vida por parte de los profesionales y trabajadores en general, sucede todo lo contrario. Esto lleva a un segundo aspecto, que se vincula a la corrupción y que es nuestro último punto.

Efectivamente, la corrupción es para Silvero una crisis, una crisis que en términos generalas se origina como una práctica inmanente al gran cuerpo procedimental político-burocrático, que como bien señala Silvero, no tiene gremios. O sea, que la corrupción se puede dar en distintas instancias. Ahora bien, la pregunta inmediata al respecto sería: ¿Qué lleva a la corrupción, o qué la genera? Naturalmente la discusión en torno a las posibles respuestas pueden llegar a ser muy amplias. Pero aquí, el detalle se ubica, cierto, una vez que Silvero inicia y acota con el tema de los satisfactores básicos para vivir. Si no se tienen, o si son escasos o limitados, ¿es justificable que se recurra a la corrupción? Evidentemente no. Pero en asuntos prácticos parece que sí lo es. Muchas personas recurren sin duda a su práctica o al incumplimiento de las normas con el fin de completar sus satisfactores. Un tema que innegablemente es muy delicado y que implica un esfuerzo por problematizar y pensar a nivel político.


Ahora bien, desde otra dirección, Silvero manejará el concepto de comer, como concepto ético-material, pero no tanto para plantear el hecho de que si no hay comida (con el referente a la panza llena) hay corrupción, sino más bien en un sentido metafórico. Ya que vincula el acto de comer a partir de la expresividad idiomática guaraní, con el robo a ultranza que se hace de la cosa pública por parte de algún funcionario. El bien común, así, de ser un bien para todos, pasa a ser un bien particular en aras de garantizar la seguridad por parte del que lo hace. El que tuvo la oportunidad y la aprovecho, comió bien, o robo bien. Quien no lo hizo, no comió. O también está el que come y reparte, o sea, el que come y deja comer.



Así, las diversas expresiones que permite flexionar el vocablo comer como metáfora de robo, en una sociedad que parece estar impregnada y acostumbrada a la corrupción, hace del juego de palabras un asunto muy interesante y a la vez alarmante. Y esto, prácticamente igual como sucede en México, o muchos otros lugares del mundo. La corrupción, no obstante, desde la vía ética, la moral o la del derecho, es condenable; de tal modo que se han realizado una gran cantidad estudios y acciones que intentan si no eliminarla, reducirla, aunque el largo historial de su práctica que casi podríamos calificar de normal, lo hace muy difícil si antes no se dan las condiciones políticas, sociales y económicas que lo lleven hacia un horizonte de posibilidad.



Si la corrupción, por el contrario, se practica y alienta desde la cima política y económica, trabajoso será si no imposible, que la base no se vea afectada y contagiada. En suma, podemos decir que Nambréna es un libro rico en contenido, que hace pensar y repensar problemas que si bien están sopesados desde Paraguay y su condición histórica, ello no limita ni excluye que a la vez sean problemas compartidos, los cuales una y otra vez al adentrarnos en el texto, nos invita a no olvidar José Manuel Silvero.



[1] José Manuel Silvero, Nambréna, ed. Fondec, Asunción, Paraguay, 2009, p. 28.



[2]Cfr., op. cit., p. 72

La sombra de Prometeo

1 comentario:

  1. http://es.scribd.com/doc/239490897/Libro-Silvero-Suciedad-Cuerpo-y-Civilizacion

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