Sobre el concepto de libertad





Luis Veloz


Una vez más la filosofía se hizo presente. Gracias a la propuesta cultural de Filosofía a las Calles, que tiene como meta hacer una difusión de la filosofía fuera de las aulas universitarias, junto a la colaboración del Seminario Filosofía en México y la editorial La Sombra de Prometo, se presentó ayer, al filo de las 4 de la tarde, en el conocido Pasaje de libros Zócalo-Pino Suárez, ante un público diverso, el filósofo Josué Isaac Muñoz para entablar una  charla sobre el concepto de libertad.


Su punto de apoyo partió de la concepción de libertad que se encuentra en Los dos problemas fundamentales de la ética, de Arthur Schopenhauer. Primeramente, para no confundir, distinguió la llamada libertad metafísica de la libertad política, poniendo énfasis en la primera para su exposición. Guiado por el análisis de Schopenhauer, Isaac explicó a los asistentes el problema tan complejo que resulta una vez que nos pensamos libres, esto es, sin ataduras que nos impelen a realizar alguna acción. ¿Somos libres realmente? Para ahondar más, diferenció lo que nos mueve a elegir entre una cosa y otra, es decir, lo motivos. Qué son los motivos fue la pregunta. Qué nos mueve a hacer algo y por qué. Desde esta perspectiva, Isaac se dio a la tarea con prontitud de diferenciar, por un lado, los motivos intelectuales y por el otro, los motivos físicos, ya que los primeros pasan por el conocimiento y los segundos, en cambio, se tornan impedimentos materiales del individuo. Así, la amplia discusión que se ha dado históricamente sobre el concepto de libertad, fue amenizada con ejemplos coloquiales, para que los asistentes no versados en la filosofía pudieran relacionarlo cada uno con alguna experiencia propia. Lo cual resultó muy efectivo. 
De esta manera, preguntas tales como: ¿somos libres absolutamente o sólo parcialmente?, o bien, ¿en qué medida es que estamos condicionados por nuestro carácter o por las circunstancias que nos rodean? poco a poco fueron retomadas por el público asistente para luego, inmersos en el discurso del filósofo, pasar a cuestionarlo. El diálogo, y no el monólogo, se hizo patente.

Así pues, una libertad responsable, con conocimiento o autoconocimiento de sí mismo, fue la propuesta que al final defendió y trató de aclarar el filósofo Isaac. Para el público a veces no acostumbrado a cuestionar términos que damos por sabidos, fue sin duda una oportunidad y una experiencia para adentrarse en la filosofía, y con ello dar cuenta de lo complejo, pero también lo rico e importante que es pensar por cuenta propia y discrepar, en muchos casos, de lo que nos han enseñado canónicamente a aceptar. Con esto, de nuevo la filosofía ha salido a las calles, en el foro público y con la gente de a pie, demostrando que basta sólo un pretexto bien dirigido, para comenzar a filosofar.               


La sombra de Prometeo

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