El circulo vicioso del medio literario

«A los escritores o personas que escriben sin mayor expectativa que la de ser, y lanzan sus textos a ser disfrutados o devorados por otros que no son ellos mismos, se les debe reconocer que también son humanos imperfectos, a veces egoístas, egocéntricos sin maldad, pasajeros de este mundo hostil, como la mayoría o más aún quizá, donde viven la escritura como un medio extra de expresión, un ceño fruncido mal entendido, una respiración asfixiada, un grito, una mirada atravesada, un lápiz empuñado con bronca o laxo, un canto de paz o esperanza, una historia encapsulada, un deseo,  un mundo sin llave donde es posible ingresar y salir sin permiso.» Andrea Valentina Crosa 

Por Olvi


El deseo de encajar en sociedad, pero además ser sobresaliente, viene aparejado a nuestra naturaleza humana, todos deseamos obtener la admiración de los demás y suponer que la merecemos. En el espectáculo de las vanidades la mayoría de los que escriben sienten tener ideas y sentimientos sobresalientes que compartir, pero en muchas ocasiones, escritores y lectores evidenciamos un gran esfuerzo de imaginación necesario para que esto suceda de la manera más plausible. No debemos perder de vista que existe un gran abismo entre la cultura popular y la alta cultura de la cual algunos se asumen con el derecho de pertenecer a una casta snob que venera los signos de dicho estatus.

El mundo de las letras en México es un medio ambiente burocratizado, donde una élite autorizada opera la política cultural con base en un supuesto alto nivel internacional que contrasta con la realidad de una política educativa deprimente por su precariedad.  Hay una clara relación de codependencia que siempre ha existido entre algunos intelectuales mimados y el poder político-económico. Para ascender al podio de los triunfadores se requiere además de un poco de talento, la habilidad que prevalece en los círculos institucionalizados: saber mover y presionar los botones necesarios de la adulación y el tráfico de favores entre colegas mediocres, situaciones que identifican cómo está configurado el poder cultural vigente.

Existen bastantes evidencias de que los escritores y pensadores se van encerrando cada vez más en territorios mentales inaccesibles, los celos y las envidas entre aquellos que bien escriben es ostensible, pero aún peor es que el mismo ejemplo se ve ampliado entre los escritores menos favorecidos en el ámbito editorial. En el medio cultural mexicano prevalece un ambiente hostil, lleno de obstáculos, desconfianza, intrigas e intereses creados. Ni siquiera se trata del sentido crítico entre colegas, sino de una inercia claramente destructiva o por lo menos restrictiva.

En esta atmosfera se produce otro de los grandes errores desde el teatro de operaciones de algunos académicos e intelectuales que, obsesionados con la idea de reafirmar su superioridad, es decir, asumirse como líderes de opinión en el área en cuestión, suelen darle la espalda al público de tal forma que con esto se oculte la falta de ideas entre todos. Hay una centralización en cuanto al paradigma del pensamiento que tiende hacia el academicismo pragmático, alejándose de los posibles lectores comunes que muestran interés por aprender. Una élite de genios y charlatanes que no ejercen su magisterio en una relación amplia con la cultura en general.

Escribir y publicar implica un esfuerzo, es necesario propiciar un acercamiento con el público hacia otro tipo de construcción de conocimientos. con otras dinámicas sociales que fomenten, en lugar de distanciar, una aproximación al banquete de las letras y de la comprensión de la condición humana en diversos contextos: político, económico y sociológico.  Las experiencias de vida en los autores son vitales, incluso para escribir buena literatura. La soberbia de las élites intelectuales no valora adecuadamente la emergencia de nuevos escritores ni la importancia de la espontaneidad renovada en la semilla de nuevas opciones editoriales.

No me corresponde hablar de los escritores desde una perspectiva indefinida; por eso, me defino como un pensador de la calle, de filosofía de banqueta, bar o café. Los escritores deben sentir y saber que tienen una misión educativa que va de la mano de su vocación expresiva de conmover y divertir al público lector. El ejercicio de escribir no puede quedar desvinculado de su carácter social, pues surge a partir y dentro de ese mismo contexto. Literatura y saber van de la mano, el escritor tiene la posibilidad de ser un canal y no un muro de contención de otros relatos y conocimientos.  
Por Olvi 

La sombra de Prometeo

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