De la Astrología a la Astronomía

Néstor Galaviz

Desde hace cientos de años el hombre se ha sentido atraído por la bóveda celeste y las grandes civilizaciones antiguas como Grecia y Egipto (solo por mencionar algunas) fueron grandes observadores de ella.

En el caso especial de Grecia, los pitagóricos se dieron cuenta que el Sol salía por el este y se ocultaba por el oeste atravesando cierto grupo de estrellas a las que llamaron zodiacos. De acuerdo al zodiaco que aparecía antes de salir el Sol (orto iliaco) marcaban la época de cosechas, lluvias e incluso las estaciones, por ejemplo: el 21 de marzo el orto iliaco es la constelación de Aries y este marca el inicio de la primavera.

Con el pasar de los tiempos la astrología se convirtió en una especie de seudocientífica, en donde se utilizaban las constelaciones zodiacales y las posiciones de los planetas para predecir el futuro. En siglos pasados no cualquiera podía ser astrólogo ya que de esto dependían los imperios (la mejor forma de tumbar uno era prediciendo su caída) y los astrólogos que fallaban en sus predicciones eran asesinados. Así que la astrología se convirtió en una rama esotérica con una serie de mentiras piadosas y cálculos fallidos. 

Desde hace más de 300 años, a partir de Kepler los fundamentos de la astrología se vinieron abajo, se demostró que las constelaciones por las que pasa el Sol no son 12 sino 13, que cada constelación tarda diferentes tiempos en ser orto, por ejemplo; la constelación de cáncer solo tarda 7 días mientras que virgo tarda 44, ahora la pregunta es: ¿en realidad somos el signo zodiacal que dice la astrología que nos corresponde?

Leemos en los diarios de la mañana e incluso en redes sociales, los horóscopos determinados por la constelación en la que nace la persona, si nosotros comparamos cada uno de ellos, solo vemos cosas muy vagas y ninguna coincidencia entre ellos si la astrología fuera valida todos tendrían que decir lo mismo. Supongamos que nacen dos gemelos con solo segundos de diferencia, según la astrología las constelaciones y la posición de los planetas debería de ser la misma para los dos, pero uno de ellos lleva una larga y plena vida, mientras que el otro muere en un accidente, ¿cómo es posible que los destinos de estas personas fueran tan diferentes?

A pesar de todo esto la astrología se mantiene viva, ¿por qué? ¿Es acaso la necesidad del humano de sentirse conectado con el cosmos? La realidad es que sí estamos conectados pero de una manera mucho más profunda.

La sombra de Prometeo

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