El concepto de ideología, y las luchas ideológicas contemporáneas

El concepto de ideología, y las luchas ideológicas contemporáneas

Luis Veloz

La propia clase dominante se hace, por término medio, la idea de que estos conceptos suyos siempre dominaron, y los diferencia de las representaciones dominantes en épocas anteriores a base de presentarlos como verdades eternas.
Karl Marx


En años recientes, diversas organizaciones civiles han mantenido un importante protagonismo político en su disputa por conseguir mayores beneficios jurídicos: igualdad de oportunidades y derechos, seguridad, diversidad, cambios a los códigos civiles, etc. Dicho debate, además, se ha hecho público a través de redes sociales con artículos de opinión; videos, memes, algunos de los cuales son promovidos por el ala radical feminista, el movimiento lésbico gay, los animalistas, veganos, así como por grupos conservadores de carácter religioso o racista (entre otros).

Hay que aclarar, no obstante, que la lucha por derechos no es un problema como tal, al contrario, la lucha y resistencia es un motivo digno y necesario para enfrentar una situación injusta. El problema subyace con quienes, en otras circunstancias, le otorgan a sus puntos de vista una certeza cuasi total, que cancela todo diálogo con el fin de direccionar bajo sus propuestas lo que podemos denominar: el vivir-juntos.

El ejercicio de crítica es primordial en cualquier condición política. Pero esto sólo se consigue si se logra cuestionar con sensatez el trasfondo de lo que se defiende, sea lo que sea, o venga de donde venga.

Es imposible negar, por ejemplo, que todos tenemos diferencias sobre lo que pensamos o creemos, y eso en realidad es lo que enriquece un debate, una tesis, un saber. Pero las diferencias, aunque poco nos guste, también pueden orillar al colapso entre partes, en este caso, la salida que se podría implementar cuando tal cosa sucede, sería la de un disenso razonado[1]. Pero esto no siempre se da. De hecho, en más fácil que se dé el polo opuesto, en el cual una creencia se vuelva dogmática o doctrinal. Y cuando esto pasa, es cuando más comenzamos a sospechar de que estamos frente a una ideología. Y si un movimiento se funda en una ideología, significa que arropa deseos particulares para imponerlos al costo que sea, en lo que por supuesto no está incluido el bien de la totalidad. Son posturas excluyentes. 



Lo anterior nos lleva a concebir que el problema de la ideología o las luchas ideológicas contemporáneas, están ahí, a la vista. Siendo incluso objeto de cuidadosos análisis por todo lo que denotan o revelan en la proyección simbólica de la realidad. ¿Qué es lo que se considera pueda ser válido o que tenga un valor ético superior a todo lo demás (lo otro)? ¿Qué supuestas razones fundamentan un estilo de vida, una forma de actuar, una forma de ser?   

Como sea, es también interesante destacar que, a más de sesenta años de que algunos liberales dictaminaran en Europa el fin de las ideologías, éstas no sólo nunca desaparecieron, sino que se revitalizaron. Acá está la relevancia del tema. Un tema que nos lleva por caminos sombríos de pugnas constantes. Pero entonces, cabe hacer las siguientes preguntas: ¿qué es la ideología? ¿En qué terrenos se mueve? ¿Cómo distinguirla? Para posibilitar una salida que no trata de agotar el tema, en lo que sigue buscaremos aportar una ruta muy breve en lo que ha sido la construcción del concepto de ideología.  

Ideología: su origen y sus usos.

Situarnos en un contexto histórico es nodal a fin de evaluar el origen de las ideas. No precisamente para historiarlas, sino para comprender que no hay una sola ellas que no esté enmarcada en un momento, en una situación. Tal es el caso de la ideología.  Palabra ocupada por primera vez por Destutt de Tracy, en el año 1796. Lo que nos coloca directo en el Siglo de las Luces: eufórico de razón y revolución.

Allí, en medio de una gran producción intelectual, el filósofo De Tracy bautizó con la palabra ideología a una ciencia cuyo objeto de estudio serían las ideas. Proyecto loable y ambicioso, que dio tres o cuatro grandes tomos de teoría (Elementos de Ideología), pero que al final, y aun que ganó seguidores durante un tiempo (incluso hubo un grupo denominado: Los ideólogos), su obra sería disipada, en medio de un caos político, por Napoleón Bonaparte, quien la perseguiría por espuria y por favorecer a los intereses republicanos.    

Años después, Marx y Engels, jóvenes aún, recobran el concepto de ideología pero le añaden otra carga conceptual. Y es así que, con aquella breve pero potente obra, conocida ampliamente como La Ideología alemana, subyace con claridad la primer propuesta teórica que relaciona la ideología a un terreno bastante específico: el de la sociedad capitalista y burguesa.

Se puede colegir sin mayor problema que, gracias a la transformación social, derivada del despunte de un modelo económico capitalista que hasta hoy sigue vigente, el concepto de ideología sería pronto implementado como una herramienta táctica con la cual se llega a develar, críticamente, las características estructurales (económico-políticas) que le dan cuerpo a la “ideología burguesa-capitalista”, que concibió Marx, como una falsa conciencia la cual funciona para encubrir o mitificar la realidad siempre a favor de las clases dominantes (el epifenómeno), lo que deviene por múltiples factores relacionados a los intereses que sin duda estimula el poder.   

Ahora bien, es también con Marx que el concepto de ideología dimensiona su primer momento problemático; ya que, aunque muestra claves de su significado, no especifica con el rigor necesario la base teórica de la función social de la ideología. Es por esta razón que Eugenio Trías afirmaría que en la obra de Marx sólo hallamos la introducción de un término (siguiendo a Althusser), mas no el análisis teórico del concepto. Es decir, no hay una teoría de la ideología en Marx

Lo anterior indica que en Marx el concepto de ideología no es univoco, sino que arroja al menos dos significados: falsa conciencia y condicionamiento social. La ideología se da, pues, en el terreno de la conciencia, y en las formas objetivas del comportamiento humano que se encuentran en íntima relación a sus prácticas materiales. Desde este punto de vista, subyace el inconveniente semántico del uso del concepto, ya que, falsa conciencia o condicionamiento social, se refieren a fenómenos diferentes.

No es ninguna casualidad, si lo vemos así, que tras la contribución hecha por Marx y Engels al concepto de ideología, pero también dada su ambigüedad, otros estudiosos, lectores o analistas de su obra, ya entrado el siglo XX, tratarían de completar lo que consideraron, se había dejado en el tintero: una teoría de la ideología.

Hacia una teoría de la ideología.

Durante buena parte del siglo XX, algunos de los mejores filósofos sociales se sumaron a la tarea titánica de releer la obra de Marx. Esto, tanto el terreno específico para hacer la crítica al capital, como sistema económico y proceso estructural que supone una lógica de explotación, pero también en el terreno de las creencias (o el aparato subjetivo) que lo sustentan y lo vuelven funcional: ideas o símbolos que solidifican digamos, el proceso mismo. En todo esto, la materialidad política es aquí ineludible. Y ello lo entendió muy bien Lenin, quien al volver a Marx y rescatar de nuevo el concepto de ideología para la praxis revolucionaria, logra concederle a la ideología una connotación de resistencia, pero con más ambigüedad que la hecha por Marx, ya que relativiza su significado al doble.

En efecto, si con Marx la ideología configuró un significado (en principio) de falsa conciencia, con Lenin ello se fracciona, porque introduce como antagónico de la ideología burguesa, la ideología proletaria. Mariflor Aguilar, al hacer el recuento de este tránsito semántico, explica lo siguiente: “(…) Lenin le cambia su significado previo  contradiciendo la idea marxista de que la ideología equivale a una concepción tergiversada de la realidad. La ideología proletaria (o ideología revolucionaria) implica, en cambio, una concepción recta de la realidad (…)”[2]

Entonces, ¿hay una ideología verdadera? Quizá ésta es una de las tantas preguntas que ciertamente genera la propuesta de Lenin, ya que al distanciarse de Marx en el terreno epistémico del significado de ideología, desvanece el límite entre la representación del mundo burgués y el mundo proletario. Con Lenin entonces, discernir sobre la verdad o falsedad de la ideología, se vuelve un asunto sumamente confuso.

Por este motivo se confiere que Lenin inaugura otra problemática, que se inserta en un camino trillado que a lo largo del siglo XX forzó a tratar de construir una sólida teoría de la ideología para impedir más equívocos. Lo cual se constata con la abundante bibliografía que se generó desde mediados del siglo pasado sobre este tema. Las opiniones, comentarios, o análisis críticos de la ideología que se comienzan a desplegar, despertaron gran interés entre filósofos y científicos sociales. Esto no significa, en efecto, que toda lo que se haya escrito o se escribe sobre la ideología valga por igual. Advertir del uso indiscriminado de la ideología se torna forzoso para que no se tergiverse aún más el sentido del concepto.

Por tal razón hay criterios que permiten colocar particular atención en las obras que mayor esfuerzo y seriedad le han agregado al problema de la ideología. A este respecto, Gabriel Vargas Lozano es de la opinión que, de entre todo el caudal de interpretaciones, contamos con algunas que sobresalen en cuanto al tratamiento epistemológico de la ideología:

(…) subsisten una serie de dificultades que surgen de las diversas concepciones epistemológicas que sirven de base  a teorías como: la marxista (en donde encontramos al menos seis o siete vías de interpretación del fenómeno de la ideológico), la leninista: la gramsciana; las propuestas por Adam Schaff; Althusser; Iztvan Meszaros; Sánchez Vázquez o Gorran therborn. [3] 

Por supuesto, creo que a esta lista se le pueden agregar más nombres, ya que no podemos omitir la lectura que aportó la sociología, concretamente de la mano de Max Weber, y la teoría sociológica del conocimiento, con Karl Manheim.  Lo cual hace que el abanico sea un poco más amplio, aunque como sabemos, ciertas teorías de la ideología son más reconocidas que otras en virtud de su originalidad y peso teórico, como la de Althusser, quien preocupado (entre otras cosas) por diferenciar ideología y ciencia, abre al tiempo otras interrogantes fundamentales. Es por esto que la ideología no puede ser un concepto coloquial o vago cuando se trata de argumentar, dada su profunda carga semántica que hace de él un dispositivo teórico con un gran valor para esclarecer elementos coyunturales propios de la estructura económico-política de la contemporaneidad.

El retorno a Marx

Toda teoría de la ideología trata de un modo u otro de retomar a Marx, así sea sólo para invertir, como hiciera Lenin, su noción de ideología. Por lo mismo, quienes al día de hoy son referentes en la materia, tienen como base a Marx. La ideología por tanto es un concepto que sin duda le debe su carta de ciudadanía teórica al filósofo de Tréveris, y aunque éste no haya logrado avanzar más en el problema, sí coloco la simiente del camino.

Una pregunta al respecto, bien puede ser pertinente ahora. ¿Cómo distinguir una ideología? La lectura de Althusser sin duda es obligada cuando se aborda el problema de la ideología, ya que traza con gran acierto la distinción entre ideologías e ideología hegemónica. Por lo que asevera, cierto, que hay tantas ideologías como prácticas materiales, pero subsumidas por una ideología que se impone: la de la clase en el poder. Otro elemento que es menester señalar, es el del cientificismo. La razón es que, cuando el filósofo francés trata de demarcar ciencia e ideología, concluye en efecto, tras un profuso estudio, que lo único no contaminado por la ideología, es la ciencia.

En un principio, la conclusión althusseriana fue recibida con buenos ojos, porque su trabajo parecía salvaguardar a la ciencia (y al materialismo científico) de todo contaminante ideológico. Sin embargo, las objeciones no esperaron mucho tiempo en arribar. Así que, preguntas como las siguientes volvieron a colocar el dedo en la llaga de la teoría althusseriana: ¿Acaso se puede asegurar que la ciencia es la única que maneja enunciados objetivos? O bien, ¿es incuestionable que la ciencia sea por completo ajena ante toda ideología?

Este problema, entre otros naturalmente, fue objeto de un agudo análisis por parte de dos connotados filósofos mexicanos: Adolfo Sánchez Vázquez y Luis Villoro. Quienes desde tradiciones filosóficas diferentes, someten a una dura crítica la obra de Althusser y proponen, cada uno por su cuenta, una lectura de la ideología. Que por cierto, los confrontaría paradójicamente en un debate muy importante que protagonizaron ambos entre los años 80 y 90.

La tarea de esclarecer el concepto de ideología también la asumiría Carlos Pereyra, uno de los más importantes estudiosos de los fenómenos políticos contemporáneos, y ello gracias a que retorna al debate de ciencia e ideología, en lo que serían los aparatos ideológicos del Estado. ¿Cuál es en suma, la propuesta que nos puede colocar en un camino pertinente del concepto de ideología?

La propuesta de los filósofos mexicanos.

Con Adolfo Sánchez Vázquez, el tema de la ideología no se queda estacionado en la concepción de verdad o falsedad, sino que va un poco más lejos, ya que incluye el “interés” que incumbe a cualquier postura ideológica que ocupa cierto grupo, por tanto, para el filósofo marxista, la ideología se puede resumir en lo siguiente:

La ideología es: a) un conjunto de ideas acerca del mundo y la sociedad que: b) responde a interés, aspiraciones o ideales de una clase social en un contexto social dado y que: c) guía y justifica un comportamiento práctico de los hombres acorde con sus intereses, aspiraciones o ideales.[4]

La definición de Sánchez Vázquez, si bien no se detiene en la noción de verdad o falsedad, las contiene, al parecer, gracias a que hace del concepto de ideología un concepto amplio pero con límites. No se puede afirmar, empero, que todo cuanto es sentido o querido, sea una ideología. Para Sánchez Vázquez, en efecto, no cualquier creencia puede ser objeto de un cuestionamiento ideológico, aunque sí tiene que pasar por un escrutinio acorde a los motivos o intereses que llevan a cabo determinados grupos que arropan con euforia ciega lo que piensan.


En el caso de Villoro, la propuesta es contraria, pero no al grado de cancelar la anterior. Para Villoro es necesario reconsiderar el factor ideológico de las creencias. Pero siempre y cuando ellas tengan algunas características imprescindibles que permitan concluir dicho calificativo. Por lo mismo, si Sánchez Vázquez maneja un concepto amplio (o sociológico), Villoro opta un concepto restringido (o noseológico). En este caso, lo que propone Villoro es detonar una revisión rigurosa del concepto que permita al final que éste mantenga una función explicativa y una función heurística. Para tal esgrima intelectual, y detrás de un análisis pulcro del objeto de estudio, Villoro concluye una posible definición de la ideología:

Las creencias compartidas por un grupo social son ideológicas si y solo si: 1) no están suficientemente justificadas; es decir, el conjunto de enunciados que las expresan no se funda en razones objetivamente suficientes, 2) cumplen la función social de promover el poder político de ese grupo; es decir, la aceptación de los enunciados en que se expresan esas creencias favorece el logro o la conservación del poder de ese grupo.[5]

Según vemos, la definición de ideología que nos presenta Luis Villoro, tiene por fin hacer la critica a las creencias que están insuficientemente justificadas, pero también, y esto es lo importante, que sirven a los intereses de un grupo para solidificar el poder en una espacio político determinado. Lo anterior significa que aunque encontremos creencias indebidamente justificadas, no pueden ser tachadas de ideológicas sino reúnen la segunda condición.

La pertinencia de esta definición, logra distanciarse del tosco cientificismo, como le llama Villoro a la propuesta de Althusser, porque permite que los enunciados objetivos no se reduzcan únicamente a los provee la ciencia, ya que hay otros que por supuesto se pueden colocar a discusión (racional y objetivamente), de los cuales pone como ejemplo los de ética, la estética, y naturalmente, englobando, a la filosofía; mismos que en la opinión de Villoro no se pueden tachar de ideológicos. Naturalmente, la importancia que le confiere Villoro a la filosofía es nodal para esclarecer una ideología.

De cualquier modo, el debate no concluye aquí. De hecho, Villoro después de que hace una revisión a su propuesta, y también gracias a la confrontación que tuviera con Adolfo Sánchez Vázquez, admite que su concepto es insuficiente en ciertos casos, de ahí que asiente que lo que se requiere es una interrelación, o bien, una definición interdisciplinaria del concepto ideología, que integre tanto la base epistémica como la sociológica, según se requiera.

Muy próximo a Villoro, se halla la lectura de Carlos Pereyra, quien también se encargó de distinguir el concepto de ideología promovido en la obra marxista, en relación a su función epistémica y su función sociológica. Dos sentidos pero relacionados, dan como resultado un  concepto que llama el filósofo: socioepistémico[6]. En efecto, también Carlos Pereyra se percató de que la escisión que se da entre el postulado epistémico de ideología y el sociológico, impide que en casos muy concretos se pueda hacer un uso correcto del concepto. Lo que resulta en muchas ocasiones en un relativismo peligroso.  

Como vemos, el concepto de ideología es ampliamente problemático debido a su equivocidad. Lo intentos por esclarecer, digámoslo así, su significado han originado importantes trabajos que nos dejan pistas para su tratamiento. A nuestro modo de ver, pienso que los aportes de nuestros filósofos mexicanos se deben reconsiderar, porque su esfuerzo de esclarecer el término suma a la bibliografía, ya de por sí amplia, resultados valiosos que por ejemplo, en el caso de Villoro, el concepto restringido de ideología que maneja, permite con mucha claridad colocar la crítica en el centro de los enunciados que se traten de examinar, a fin de hallar el nudo, o bien, la insuficiencia de las razones objetivas que pareciera los soportan. Siendo así, y si tal examen se cumple a cabalidad, investigar acto seguido la concordancia en cuanto a los fines o las intenciones del grupo o grupos que lo defienden. Es aquí donde está la clave del problema.  

En resumidas cuentas, podemos concluir que no se puede hacer del concepto de ideología una palabra indiscriminada para toda ocasión, si no se conoce primero su operatividad teórica. En segundo lugar, la ideología al ser revelada como tal, no puede ser confrontada desde otra ideología, más bien se tienen que aportar siempre razones que permitan, en lo posible, una diálogo razonable que no cierre las opciones ni las discrepancias (es decir que no sea incontrovertible).

Por lo cual, esto sería una opción que en última instancia permita también un punto de cruce (de encuentro). La crítica radical, como la que lleva a cabo la filosofía en todos los ámbitos, debe tener por soporte siempre y en todo momento el argumento y no la euforia dogmática. Y quizá esto sea lo que haga falta, en medio de un gran caos de constantes confrontaciones que tratan de imponer, sin más, lo que se cree es mejor o más valioso, o se asume como la directriz de la vida política sin importar, a veces, el derecho de los otros.
         
Bibliografía
   
Aguilar, R. Mariflor, Teoría de la ideología, ed. UNAM, México, 1984
Marx, Karl, La ideología alemana, ed. Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1974
Pereyra, Carlos, Filosofía, historia y política, ed. FCE y UNAM, México, 2010 
Sánchez Vázquez, Adolfo, Ensayos marxistas sobre filosofía e ideología, ed. Océano, México, 1983
Vargas Lozano, Gabriel, "La relación entre filosofía e ideología (Consideraciones sobre la polémica entre Adolfo Sánchez Vázquez y Luis Villoro)" en Signos, Anuario de Humanidades, Año VIII, UAM-I, 1994, México 
Villoro, Luis, El concepto de ideología, y otros ensayos, ed. FCE. México, 1985                        
          


[1] Disenso: disentir, discrepar. De ahí también deriva disidente. Digamos pues, que por disenso se entiende la posibilidad de decir “no” ante cualquier acto injusto, o excluyente. Disenso razonado, entonces, significa la posibilidad de negar, siendo la negación un “medio” que aspira en última instancia a un acuerdo, pero siempre fundado en razones controvertibles.
[2] Mariflor Aguilar R., Teoría de la ideología, ed. UNAM, México, 1984, p. 29
[3] Gabriel Vargas Lozano, “La relación entre la filosofía e ideología (Consideraciones sobre la polémica entre Adolfo Sánchez Vázquez y Luis Villoro,)” en Signos, Anuario de Humanidades, Año VIII, UAM-I, 1994, México, p. 139.
[4] Adolfo Sánchez Vázquez, Ensayos marxistas sobre filosofía e ideología, ed. Océano, México, 1983, p. 145.
[5] Luis Villoro, El concepto de ideología, y otros ensayos, ed. FCE. México, 1985, pp. 28, 29.
[6] Cfr. Carlos Pereyra, Filosofía, historia y política, ed. FCE y UNAM, México, 2010, p. 85.


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