La democracia más allá de las urnas.

Una democracia más allá de las urnas: el exhorto a la resistencia del Estado de México

Luis Veloz

Las elecciones que se llevaron a cabo el día de ayer, han puesto nuevamente en evidencia el  endeble procedimiento democrático que rige al país. No queda más que situar en perspectiva lo que sucede. Es decir, qué pasa que con todo y el notable desprestigio, y la torpeza con la que gobiernan, al final el mismo partido vuelve a quedar en el poder. Quien afirme que nuestra democracia está más sólida institucionalmente (como lo afirman algunos politólogos y analistas), estaría irrumpiendo en un equívoco grave.

Y esto es evidente con el Estado de México, donde se jugaba todo. Esta región que limita con la CDMX destaca por algo, por ser uno de los bloques políticos más importantes, o el bastión del actual Presidente y sus aliados (el grupo de Atlacomulco). Perder la zona estratégica donde se concentra su fuerza, significaba en términos concretos perder por anticipado las elecciones del próximo 2018. Esto ha sido, por tanto, un respiro para el PRI. Por ello es que se movió, al costo que fuera, toda la maquinaria política a su disposición.

¿Hay algo que se puede hacer? Ante el computo rápido de los votos que se dio a conocer casi media hora antes de lo que se esperaba, quedó intermitente la evidencia de que lo que estaba por anunciarse en cadena nacional era una vuelta de tuerca a la misma historia con la que ha trabajado el PRI para permanecer durante años: el fraude, la compra de votos, las alianzas, las promesas, etc. Las irregularidades de los comicios, no se dejaron esperar. Y han salido a la luz gracias a las fotografías y videos que la ciudadanía logró capturar en un trabajo de mapeo de las casillas, e incluso antes, para asegurar la transparencia; lo cual no sucedió.

Pero esto no tiene por qué quedar en frío, estancado. Si en verdad se considera que la democracia es más que depositar un voto en una urna, entonces se tiene que hacer efectiva la soberanía popular. Un asunto problemático de relevancia medular que desde hace décadas se espera se dé finalmente en México, y se haga valer en toda su expresión el artículo 39 de nuestra de Constitución.

Hay que re-pensar nuevamente en la democracia, pero no para momificarla en un solo horizonte. Y para ello, la principal arma es la participación ciudadana, más allá de las urnas. Capacidad de organización y resistencia a la intimidación. La democracia sustantiva, como explicó Douglas Lummis (teórico de la democracia radical) es un peligro justo porque interviene de manera constante en el escenario conflictivo de lo político, y por ende, porque irrumpe ante cualquier gobierno de facto. En este caso, la ciudadanía del Estado de México tiene la posibilidad de llevar a cabo una resistencia histórica, y constituir así una “potencia efectiva” de respuesta ante lo que se puede denominar: un fraude electoral.


Ahora la democracia secuestrada se tendrá que debatir fuera de las urnas. Se habla ya, incluso, que se impugnará la elección por vía legal. Pero esto, si bien es un recurso de peso, se tiene que complementar o mejor, se tendría que  redimensionar justamente con la organización de la base popular, porque ahí reside el poder. En siglo XVI, Maquiavelo ya había anunciado que cuando un gobernante genera el odio del pueblo, tenía que temerle a todo y por todo. Lo más sano sería irse. ¿Acaso esto podría a suceder?

Spinoza, cuando detalla y explica la democracia absoluta, no hace más que re-direccionar la potencia de la multitud (sujeto político) ante cualquier reacción que atente contra su soberanía. Para Spinoza, como dice Antonio Negri, la multitud emerge desterritorializando y resistiendo en la polticidad que le da vida. Por tanto, se tiene que desvirtuar a la democracia entendida como técnica, es decir, aquella que como comentó con gran agudeza Schumpeter, sólo se mueve en la competencia por el caudillaje político: “la lucha de competencia por el voto del pueblo” en aras de alcanzar y solidificar la clase en el poder.

Vivimos pues, en un momento en extremo delicado que nos habla ya de una descomposición sistémica de la política mexicana. Llegando a límites casi surrealistas. Quizá la democracia pueda o no ser la solución a los problemas del país, máxime porque la idealización también se puede convertir en un peligro, exacerbar las pasiones y transformar la lucha común en una lucha particular termina por generar contradicciones internas. Pero quizá, eso es preferible ante la desesperanza, y afirmar, como siempre: “que así son las cosas”.

Hay que mostrar que las alianzas de los partidos no son el pueblo organizado, que la única alianza corresponde a la que logra hacer la gente en casos extraordinarios, sin esperanzarse a un candidato, y cuando las alternativas se reducen a prácticamente nada. Ante la pasividad y el conformismo, queda la acción radical. Entiéndase por esto, no el choque violento con la fuerza represiva (que no se descarta), sino crear rutas alternas y de raíz, ante las decisiones de unos pocos que indefendiblemente han dañado y ultrajado desde hace décadas a los ciudadanos no sólo del Estado de México, sino también del resto del país.

Por eso mismo, hay que entender que esto ya no es sólo una tarea de los mexiquenses, sino de todos lo que nos vemos afectados de un modo u otro con este tipo de procedimientos "democráticos". Porque de pasar, la consecuencias se reflejaran en muy corto tiempo. La pregunta por lo tanto está en la mesa: ¿será posible que se logre, en los días siguientes, conformar una organización popular sólida que manifieste, como dijera Rousseau, la voluntad general? O, ¿esperaremos hasta el 2018 para hacerlo?      
    
    

La sombra de Prometeo

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