DIAGNÓSTICO DE MIGRAÑA


Diagnóstico de migraña                                               

    El médico me dice que no tengo nada de cuidado, que con algunos analgésicos en tres días se me pasa. Siento que ya no puedo con las cargas que limitan mi libertad de ir, venir y hacer, a pesar de no tener claro a dónde, desde dónde empezar, ni qué hacer. Vivo una realidad de apretadas reglas y responsabilidades. Soy realista, supongo que el realismo es una visión de lo que sucede de forma literal e indescifrable. Mi manera insana de vivir esta realidad es percibirla tal cual y eso sólo se contrarresta con la imaginación que se me escapa. En mis sueños de duermevela aparecen las mismas pesadas circunstancias, historias confusas en un formato similar al de los videos musicales pero sin música, imágenes plagadas de absurdos problemas. 

   Día tras día caducan las horas más pronto de lo que necesito para entender lo que estoy haciendo: sin saber lo que busco, ni lo qué quiero. Y me estanco en el punto en el cual cualquier recuerdo se mueve dependiendo del momento en el que intento recrearlo. En realidad son una multiplicidad de recuerdos, y cada parte de este enjambre es una nueva versión enriquecida y actualizada, o empobrecida y relegada. Recuerdo y olvido lo que pienso. "Memorias sin pies ni cabeza"; aunque sí, por supuesto, lo principal es "lo actual" a sabiendas de que lo actual es perecedero en la rutina e inalcanzable en los deseos.  

    La repetición de las costumbres  –la memorización que es importante para el aprendizaje– también llega a ser nociva para la salud e incluso peligrosa para la supervivencia. Hay algo de fatalidad en los hábitos que a veces nos salvan y a veces nos condenan.  Todo humano se considera a sí mismo un ser inteligente, en realidad lo es, porque suele romper la rutina cuando tiende a confundir y a distinguir entre la regularidad y la contingencia, puede encontrar soluciones diferentes a las emergencias. El pensamiento no es suficiente para sobrevivir con los instrumentos ideados sino imitando a los demás, cuando uno puede ser como los otros sin dejar de ser uno mismo. Aunque el instinto de supervivencia hace parte del trabajo el resto lo gobierna e impulsa la necesidad de placer, y de ahí es de dónde surgen la mayoría de nuestras búsquedas de recompensa. ¿Cuáles son mis recompensas?      

    Sé que en la vida a la fama le sucederá el olvido, al placer el deterioro del envejecimiento y al amor la ilusión de más o mejor amor, es decir, en la actualidad vivir es el constante deseo de más de lo que sigue y yo me resisto a entenderlo. Mis memorias sin pies ni cabeza van y vienen entre la niebla del olvido y alguna esperanza, repitiendo en la invención nuevas versiones de antiguos recuerdos. Intento mantener la cordura, tal vez sea tarde, ya he olvidado el arte de la fuga y giro una vez más en el mismo círculo.  Sí, tal vez me hacen falta libertad y dinero, o dos o tres días con algunos analgésicos. 

La sombra de Prometeo

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