EL AMOR EN PAUSA

“Quizá, cuando un hombre está enamorado, no se equivoca. Quizá, los que no están enamorados, son los que se equivocan”.–Jorge Luis Borges


¿Cómo le haremos para ser felices con nuestro amor en un mundo que se equivoca? Sin importar el tipo ni la formalidad de las relaciones amorosas, en todas se corren riesgos aunque el amor se conciba como un conjunto de emociones y sentimientos maravillosos. En el amor no se piensa, se siente, se vive el amor a pesar de nuestras torpezas y equívocos. No obstante, las actuales corrientes de pensamiento acusan al amor romántico de exagerar sus expectativas, es como un retraso, casi una condena, que priva de la libertad física del erotismo y la sensualidad a las personas. Cuando las relaciones no funcionan, la frustración se dirige contra la construcción cultural del tipo de relaciones que predominan, el amor romántico es una de ellas que aún mantiene su valor de modelo a pesar del curso de los tiempos. En la actualidad, la relación amorosa perfecta parte del estereotipo de una vida sin grandes problemas que resolver, de esta manera las relaciones, y no el amor, están continuamente expuestas al fracaso. La diferencia entre una vida feliz y una vida apasionante radica en la sensación de tranquilidad. A veces una y por ratos otra, no es fácil la estabilidad de una vida feliz que sea al mismo tiempo apasionante.

El amor romántico es un modelo cimentado en las relaciones de mutua "dependencia" y en el complemento emocional a través de una pareja; es la imperativa necesidad, casi obsesión, que sienten los enamorados por estar el mayor tiempo posible juntos. En este escenario, en estos tiempos, las expectativas del amor son a la vez siembra y cosecha de inquietudes, escalera a cielos de placer o a oscuros precipicios. En el amor todo parece ridículo, los enamorados dicen y hacen cosas ridículas pero emocionantes. Para aquellos que se aman, el amor es la confusión que da sentido al deseo definitivo de ser y estar ligados a pesar de que la vida conduzca por caminos que no siempre coincidan. Del amor se espera una cosa y se encuentra otra, hay quienes se aman con intensidad pero no pueden vivir juntos por diversos motivos. 

Es interesante observar la timidez o la evasión que poco a poco se va extendiendo para abordar los temas romántico amorosos. Algunas personas –de quienes conozco sus circunstancias– están enamoradas y sin embargo suelen avergonzarse de ello; de la intensidad de sus sentimientos, o del anhelo de estar ligadas a las personas que aman, porque el amor atonta. Las poses de indiferencia o cinismo, la rudeza, la sordidez del insulto y la banalidad están de moda en nuestra sociedad. Se considera «cursilería» a la manifestación de los sentimientos de bondad, belleza, o ternura, es decir, a la búsqueda de lo bueno, lo justo y otras «ñoñerías». Lo mismo les sucede a las ideas de promesa, lealtad y compromiso amoroso en un mundo contemporáneo que parece conspirar contra la confianza. Y no es una casualidad poner en pausa la percepción de los fines idílicos del amor romántico.


Las relaciones interpersonales atraviesan por el campo minado de la fragilidad en los lazos afectivos de los múltiples tipos de vínculos amorosos. Día tras día, en el difícil arte de vivir, la confianza se evapora con la frustración de las expectativas y los desencantos de la vida. La volubilidad de las conductas sociales y la levedad de los afectos estiran la sensación de duda y desconfianza. El «deseo», caracterizado por el anhelo de consumir (devorar lo deseado), aumenta la sensación de inseguridad emocional puesto que nunca se sabe cuales son las aspiraciones de la otredad por encima de sus impulsos a satisfacer, ya que tras consumir el objeto deseado este desaparece. Es en este proceso, donde la «seducción» extiende su dominio a través de los mecanismos de la moda y la estimulación continua de la oferta de opciones equivalentes, es aquí donde la indiferencia impera por el exceso de alternativas y no por la carencia, es donde los "deseos" entran en constante conflicto contra las codificaciones significativas de bondad y genuino afecto. En la actualidad las aspiraciones personales se asumen como derechos y los cuerpos viven gestionando las recompensas individuales que surgen del ejercicio de la seducción como proceso general regulador.


De manera peculiar, con el desarrollo de las tecnologías informáticas, las plataformas de telecomunicación digitalizada están amoldando las estructuras sociales al ampliar el menú de opciones y nuevas formas de seducción y relacionamiento afectivo. La expansión de la cultura de la «seducción» tiende a regularizar y hacer normales las variadas intenciones e interacciones personales. Esto se manifiesta, por ejemplo, en la definición de conceptos que expresan otros escenarios amorosos. Es el caso del «Crush», cuyo concepto podemos entender como enamoramiento repentino, un flechazo de Cupido casi a primera vista. Sin embargo la calidad de "crush" surge de que dicho enamoramiento, aun siendo correspondido, tiene por característica un sentimiento especial que crea ansiedad, que desvela y apasiona a una persona que ha sido seducida por otra de manera premeditada o involuntaria. Se le llama «crush» por el parecido con el sonido que se supone produce el corazón cuando se tritura, cuando siente una fuerte emoción amorosa por alguien a sabiendas que es un amor prácticamente imposible.  La era de las comunicaciones digitalizadas propicia mayores posibilidades de "contacto" virtual entre las personas y con ello la generación de diferentes variable del amor idealizado, un tipo de amor platónico que intenta por varios medios obtener su culminación en el acto de conocer a fondo a la persona amada. Un amor de almas, que aunque existe se sabe que es difícil de materializar por múltiples circunstancias especificas. 

De cualquier forma el amor sigue retando el equilibrio emocional de las personas, aunque la reflexión sobre el tipo de relaciones amorosas esté en pausa.  Se sabe que los seres humanos necesitamos de grandes dosis de ese tipo de placer que se produce al sentirnos amados.  Y sabemos que en cualquier tipo de relación amorosa hay la necesidad de sortear los inevitables peligros de la duda, el desencanto y la tristeza del amor fallido. "Dolorosa y con frecuencia desoladora –a veces también serena, digna, e incluso bella– la tristeza es parte inevitable de la vida". En el amor los estados de tristeza se alternan con los momentos de intensa alegría; es así como la dicha y la nostalgia frecuentan a quienes viven el amor y sus complejidades. A pesar de tanto hay quienes están obstinados en amarse a toda costa, incluso en ambientes que estimulan lo contrario, o cuando el amor se ha enclaustrado en la indiferencia. “No cumplimos nuestras promesas de amor, y tampoco podemos olvidarnos”. 

Alejandro Olvera 

Fotografía de Andrei Lacatusu: Proyecto "Social Decay" 

La sombra de Prometeo

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