El retorno a Karl Marx: un esbozo a la lucha de clases



El retorno a Karl Marx: un esbozo a la lucha de clases.



“Nuestra doctrina no es un dogma, sino una guía para la acción”, así decían siempre Marx y Engels, quienes se burlaban, con razón, del aprendizaje mecánico y de la simple repetición de fórmulas que, en el mejor de los casos, sólo sirven para trazar las tareas generales, pero que cambian necesariamente de acuerdo con las condiciones económicas y políticas concretas de cada fase particular del proceso histórico.
           
           Vladimir Lenin, Cartas sobre táctica.    


Luis Veloz


Punto de partida

Durante poco más de un siglo el desencanto social producto de las contradicciones inherentes al desarrollo de la modernidad revelaron, en efecto, que el mundo ha caminado entre genocidios y desarrollo científico-técnico, entre libertad y esclavitud, entre igualdad e injusticia; lo que tenemos son binomios, oposiciones que a la vez han generado reacciones inmediatas. Tanto en la lucha efectiva, social y política (campesinos, obreros, estudiantes, etc.) como al nivel de la teoría. El papel de los filósofos en este caso es paradigmático, porque incluso entre corrientes filosóficas distintas, algunos han desplegado trabajos profundamente críticos para describir y prescribir, como dijera Bobbio, alternativas a espacios sociales, culturales, políticos o económicos que al día son claves a nivel global.


Sin embargo, con todo y la necesidad de pensar nuevamente la circunstancia real, se mantiene vivo y de manera notoria el aporte que hizo Karl Marx hace ya poco más de 200 años a la comprensión del fenómeno moderno y por supuesto, a la lucha revolucionaria.  

La obra del filósofo de Tréveris continúa vigente, aunque ello no signifique que todas las respuestas ante los problemas actuales se encuentran en sus páginas, por el contrario, se ha tenido que replantear, e incluso, se ha tenido que ir más allá de él. Como señala Carlos Pereyra, Marx exhibió con rigor una teoría crucial, pero inacabada.  Por esta razón y dentro de un análisis crítico, se torna necesario hacer un giro hacia a algunas de las problemáticas que concibió Marx en su momento histórico, por cuanto ellas ocasionaron un cambio en la comprensión teórico-práctica que se dio aceleradamente a partir de las condiciones histórico-materiales propiciadas por el capitalismo.

No está por demás añadir que, en el terreno de la teoría, hay lecturas en torno a su obra lamentablemente desfasadas, motivadas por un prejuicio, la ignorancia, o la propia ideología que termina modulando deformaciones epistémicas que en algunos casos demeritan la seriedad de quienes sí plantean un diálogo crítico con el pensamiento del filósofo alemán. Ante la dificultad de los escritos de Marx, por todo lo que envuelven, los diletantes optan por leerle a través del manual o el recetario de fórmulas acabadas.   

Por esta razón Lezek Kolaowski subrayó que Marx no es lo mismo que el marxismo o los marxismos. Se debe distinguir. Esto es una nota para tomar a consideración y que perfectamente  detecta el filósofo, por lo que escribe: “la relación entre el marxismo de Marx y el de los marxistas es un legítimo campo de investigación.”[1] Es pues posible trazar una revisión y un balance pormenorizado de las distintas corrientes marxistas que se empezaron a gestar a finales del siglo XIX y se ampliaron en el XX. No obstante, debido a sus propios fines estas corrientes se pueden ubicar en dos amplios grupos: el dogmático (oficial), y el no dogmático (no oficial).

Y sería, en efecto, con los movimientos revolucionarios del siglo XX que quedan  demarcados los dos campos. Naturalmente a razón de la importancia que tienen, los nombres de Vladimir Lenin y Leon Trosky destacan porque encarnan una lucha que los coloca en inmediata relación con Marx, quien les fue indispensable en la proyección de la Revolución Bolchevique de 1917. Sin embargo, como sabemos, las contradicciones que se mostraron en el proceso emancipatorio dejó a su paso un abanico enorme de interrupciones que dieron por resultado lo opuesto, no por Lenin, sino por quienes transformaron la teoría de Marx en una dogma, como lo hizo Stalin para justificar su ascenso al poder (socialismo real). Sobre ello Althusser escribió: “Al hacer violencia a lo que era el marxismo, en su apertura y también en sus dificultades, Stalin provocó de hecho una profunda crisis en la teoría, y a la vez bloqueó y le impidió salir a la luz.”[2]

Con este telón de fondo podemos dilucidar conceptos que se localizan en el territorio teórico del lenguaje de Marx, mismos que en corto tiempo ocasionaron elucubraciones que poco o nada tenían que ver con lo que originalmente se planteó: “El marxismo no proporciona un método específico para intentar resolver cuestiones que Marx no se planteó o que no tenían sentido en su época. Si su vida se hubiera prolongado noventa años más, tendría que haber modificado sus ideas de forma que no tenemos medio alguno para conjeturar.”[3]  

Ahora bien, entre la gama de conceptos destacan: socialismo, comunismo, materialismo histórico, ideología, revolución, lucha de clases, Estado, enajenación, entre otros que cabe advertir se presentan como conceptos fronterizos: económico-políticos y ético-antropológicos. Y es así porque Marx, en su tiempo, trató de captar la realidad como una totalidad social, la síntesis de sus múltiples determinaciones.

Como sea, debido al amplio espectro que supone nuestra circunstancia, y también debido a la amplitud temática que arroja la obra de Marx, tenemos que elegir algunos de los tópicos más relevantes que se presentan en sus escritos pero apreciados con la óptica de la situación que sacude a los tiempos actuales. Aquí, y debido a la premura de un breve ensayo, vamos a detenernos únicamente a discernir, lo más sintéticamente posible, lo que hay detrás del concepto de lucha de clases. ¿Qué es la clase social?

La clase social como elemento teórico.

Si bien es verdad el concepto “clase social” se ha vuelto común en el habla cotidiana, también es cierto que detrás de él hay poca claridad en cuanto a su significado. José Ferrater Mora en su extenso Diccionario de filosofía señala que, para esclarecer el concepto antes se tiene que marcar una diferenciación entre el concepto “clase” ocupado en un sentido lógico, del sentido sociológico.[4] Por esta razón advierte que “clase”, en el primer caso, suele ocuparse como sinónimo de “grupo”, “colección”, “agregado” o “conjunto” de entidades, también llamados “miembros” que poseen al menos una característica común. Sobre lo anterior cabe decir que estas clases se mantienen acordes a un espacio de objetos abstractos, formales, vacíos y por tanto factibles de representarse simbólicamente. 

La aclaración que detalla Ferrater Mora se complementa, además, porque abunda en el significado y uso que a este concepto de “clase” le otorgó Boole, Schröder, Russell y Whitehead en sus respectivos trabajos sobre el lenguaje lógico, concretamente, sobre la lógica matemática.

Por otra parte, el concepto de clase ocupado bajo la lente del sentido sociológico, indica otra clasificación que igualmente requiere un criterio de demarcación. El concepto sociológico de clase social, en efecto, divide o bien coloca en un lugar determinado (socialmente) a un grupo específico de individuos. Esto se logra al conjuntar características empíricas para adjudicarse, abstractamente, a sujetos concretos. En el  lenguaje común, esta tarea deriva en asociar la clase social, en un sentido amplio, como la distancia existente entre ricos y pobres, como algo dado, y cuya inmediatez  determina a una clase alta, media y baja. Vamos a decir, esta definición está ligada a la noción de status social. Aquí tenemos un primer elemento de aproximación. Vamos a Marx.

Clase social y lucha de clases en Marx.

Ahora bien, en la obra de Marx la mención a la clase social no guarda sensu estricto una relación fiel a lo anterior. Por ello se vuelve indispensable señalar que en la obra de Marx no existe una teoría sistemática del significado,  es decir, no abordó con la debida cautela la problemática que arroja el concepto de clase social. En efecto, el término aparece en párrafos de obras como: el Manifiesto del partido comunista, Critica del programa de Gotha, La ideología alemana, La miseria de la filosofía, El dieciocho Brumario, La lucha de clases en Francia, y El Capital; sin embargo, pese a lo anterior no es factible aseverar que Marx trabajó el significado para evitar su ambigüedad. De hecho, en una carta a Joseph Weydemeyer, el filósofo admite lo siguiente:

Por lo que a mí se refiere, no me toca el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes de mí, historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de estas clases y economistas burgueses la anatomía de las mismas.[5]     

Clase social por lo tanto, es un concepto que surge en siglo XVIII, pero sólo hasta el XIX adquiere relevancia teórica, principalmente en las obras de Thierry, Guizot, Mignet, y por supuesto, del economista inglés, David Ricardo. Lo que hace Marx, por su parte, es recuperar el concepto a fin de añadirle otra carga, tanto explicativa como subversiva. De ahí su importancia para el análisis que conserva aún hoy en las complejas sociedades del siglo XXI.

Por lo tanto, Marx no puede ser catalogado como un ingenuo que hizo acopio indiscriminadamente de un concepto sin tener antes una razón suficiente para su aplicabilidad. De hecho, sus lecturas interdisciplinarias; económicas, jurídicas, históricas y filosóficas relacionadas a la transformación de los modos de producción fueron indispensables para implementar la noción de clase social y no otro concepto. El gran aporte de Marx, es que mientras sus predecesores le asignan a la clase social un lugar estático, en Marx aparece en completo movimiento (recordemos que la dialéctica hegeliana es restablecida en la exposición de Marx).   



Por ello no es ninguna casualidad, en efecto, que hoy contemos con trabajos póstumos, de gran calado, donde se detalle el examen y uso que se tiene de las clases sociales en el sentido que le otorgó Marx, uno de ellos, el de Pierre Vilar[6], esto porque se avoca a distinguir la implementación de clase social como un concepto opuesto a la terminología que se usó en el proceso económico precapitalista, como es el caso de las castas, órdenes y estamentos. Algo similar es posible hallar en la obra de Luckacs, para quien el uso de clase social es en todo caso un eje disruptivo a la historia económica anterior al capitalismo. Por ello fue que ahondó, en su trabajo filosófico, en la importancia en torno a la comprensión existente de la división social en la era de la economía burguesa: “El triunfo de la burguesía, cuya victoria comporta la destrucción de la estructura estamental, posibilita por fin un orden social en el cual la estratificación de la sociedad tiende a ser una estratificación en clases pura y exclusivamente.[7]

Los límites teóricos se implementan en tanto que las determinaciones históricas, en este caso, referentes al sujeto describen hechos distintos en el espacio y el rol económico que juegan. La recuperación hecha por Marx en relación a la clase social permitió, debido a su carácter analítico, ocuparse como un esquema teórico para la comprensión de los fenómenos sociales, económicos y políticos en un marco dominado por el capitalismo, pero también anteriores a él.

El concepto efectivamente suele ser flexible en su extensión, pero también se limita en su especificidad. Esto es particularmente evidente en el Manifiesto del partido comunista, donde Marx liga la antigua división social (feudal) con la burguesa, pero colocando también una línea que rompe; esto porque como sabemos, el trabajo del vasallo o la servidumbre va a diferir radicalmente del trabajo que se instaura en la época propiamente capitalista; la funcionalidad de la economía se transforma necesariamente a un trabajo “libre” aunque en razón de un despojo (de los bienes del otro) que obliga al individuo ultrajado a vender su fuerza de trabajo.

Históricamente la acumulación del capital, como bien explica Marx, está marcada por la violencia, por ser éste el medio con el cual se puede apropiar el capitalista del excedente que arroja el trabajo ajeno. Ahora bien, la clase social vista así, permite simplificar en mucho la división social, por lo cual tenemos las dos clases antagónicas por antonomasia: la burguesía y el proletariado.  

La diferencia distintiva del concepto, como se puede apreciar, no sólo se torna simplificativa sino también cualitativa; por esta razón, pese a que no se cuente con un análisis pormenorizado hecho por Marx, el concepto de clase social que trabajó se coloca en el seno mismo de la estructura de las relaciones de producción, y por tanto, de explotación. Esto significa en términos generales que la división establecida consiste en que un capitalista compra (en el mercado) fuerza de trabajo para obtener de ella plusvalía; razón por la cual la existencia de las clases antagónicas se revelan en las relaciones de producción. La alusión de la clase social que se lee en La ideología alemana (texto que hay que leer a partir de su contexto), contempla en el mismo escenario algo de suma importancia que vale la pena rememorar: los “intereses” propios de la clase.

En El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, otra texto relevante de Marx, éste escribe lo siguiente: “En la medida en que millones de familias viven bajo condiciones económicas de existencia que las distingue de su modo de vivir, por sus intereses y por su cultura de otras clases y las oponen a éstas de un modo hostil, aquellas conforman una clase.”[8]   

A partir de lo anterior se pude concluir que es epistémicamente incorrecto tomar el concepto de clase social en Marx, pensando en la noción simple y burda que permea la división entre ricos y pobres. Si bien cuando la intencionalidad ética, como sucede en la manuscritos de 1844, se torna preponderante, Marx alude a tal sentido, lo hace con cautela. Porque lo que notamos en Marx es, ante todo, una formulación analítica de un concepto cuyo contenido permite primeramente comprender cómo, en condiciones histórico- determinadas, las relaciones de producción, derivadas de rupturas y luchas, separan a quienes controlan los medios de producción de quienes tiene la necesidad inmediata de vender su fuerza de trabajo. Su única posesión.

Y la fuerza de trabajo recordemos que es la vida misma, el “fuego vivo”, y el valor (vital) que valoriza la mercancía. Las consecuencias derivadas del despojo, o del hurto del excedente de trabajo (plusvalor) traen consigo una serie de problemáticas que conllevan, entre otras cosas, a la noción de justicia, como instancia legal, pero ante todo con el peso ético-material que amerita. La contraofensiva ante la explotación, por tanto, es una manera digna de rebelarse ante las injusticas que permean a una sociedad, afectando sus formas institucionales. Lamentablemente Marx dejó en el tintero un apunte más completo y preciso de la clase social, el cual estaría incorporado en el tomo III de El capital.

La lucha de clases en los trabajos póstumos.

El esfuerzo realizado en aras de completar la obra de Marx trajo consigo una rica fuente de estudios en torno al concepto de las clases sociales. Antes se ha aludido a Villar y Luckacs, sin embargo, el primero y del cual la mayoría toma el modelo, es el que aporta Lenin en su escrito: Una gran iniciativa. En este trabajo Lenin plantea una definición de clase social que, naturalmente es un retorno Marx, escribe Lenin:   

Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que las leyes refrendan y formulan en su mayor parte), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y por ocupar puestos diferentes en un régimen de economía social.[9]

Por lo tanto, en las relaciones de producción se constituye una escisión y desplazamiento de las relaciones sociales. Fundamentalmente entre quienes controlan, como se dijo, los medios de producción, y entre quienes sufren el despojo histórico de la acumulación originaria. Lo que aún no queda por completo claro es el papel que juega la clase social en la lucha de clases. Althusser ya había señalado que la lucha de clases se formula incluso como el centro neurálgico de la obra de Marx, al grado de señalar que la lucha de clases se manifiesta en la teoría, es decir, en el lenguaje: “La filosofía representa la lucha de clases del pueblo en la teoría.”[10]

Esto último permite indagar que, a partir de los estudios realizados de la obra de Marx, se ha hecho indispensable hacer explícito lo que está implícito, es decir, señalar que la ambigüedad del concepto de clase social se debe fundamentalmente a que Marx no reduce su sentido únicamente al plano economicista, sino que lo trasciende. Esta postura la ha hecho notar perfectamente Louis Althusser, Nicos Paulatzas y en México, Carlos Pereyra. Apoyándonos en sus estudios se puede argüir que el concepto de clase social se debe inscribir en al menos tres instancias: económica, política e ideológica. Apreciado así, tenemos algo notable porque se posibilita comprender con más soltura que las clases sociales y la lucha de clases se dan simultáneamente. Esto significa que no hay clases sociales sin lucha de clases. Así que, si bien el factor económico es determinante en última instancia, igualmente es preponderante el referente político e ideológico. De hecho, no están desligados sino que hay una clara comunicación.

El antagonismo de la clase burguesa y proletaria, es afectado inmediatamente en la división sociotécnica, es decir, en los puestos de trabajo. La fuerza de trabajo, como se sabe, se re-produce en formas diversas en tanto trabajo cualificado. De este modo se desplaza un trabajo “simple” y mecánico de un trabajo “especializado”. Pongamos por caso el obrero en masa, quien está en la línea de ensamblaje, y el obrero especialista, que dirige la operación.


La sumisión al explotador, no se establece bajo una instancia únicamente económica circunscrita a las relaciones de producción, también es política e ideológica, puesto que, incluso entre la clase explotada se puede formar una élite, “la aristocracia obrera”, los cuales se identifican regularmente con la ideología burguesa y la defienden. De este modo, la ideología burguesa tiende a atravesar las formas de pensamiento, dando así un control mucho más efectivo de la clase explotada, una vez que su ideología (la dominante) la hace suya aquel pequeño grupo de la aristocracia obrera. Para promover un orden al interior de las relaciones de producción, se hace uso de la represión, las sanciones, la intimidación y los despidos. La contraofensiva históricamente se logra gracias a una organización de trabajadores (sindicato) que buscan conseguir mejoras en salario y seguridad.

Los logros conquistados en la lucha son ampliamente conocidos. Sin embargo, el Estado político moderno impone en sus redes la ideología de la clase hegemónica gobernante; de tal modo que su ideología se circunscribe a las formas mismas del ejercicio de poder, tanto jurídico-políticas, como morales y económicas. Althusser de hecho lo catalogo como el aparato ideológico (iglesia, escuela) por un lado, y el aparato represivos por el otro (policía y ejército). Ambos esenciales para someter y re-producir una subjetividad desencantada.

La lucha de clases hoy.

En nuestros días la lucha de clases no deja de conservar un papel estratégico en los movimientos subversivos que se abren paso a nivel global. Sin embargo, hay que considerar que los roles en cuanto a la división del trabajo son hoy aún más complejos de lo que observó Marx, pongamos por caso el tiempo de trabajo, es decir, la medida necesaria para la producción de la mercancía, dicho tiempo de trabajo, en efecto, se ha desbordado. El marxista italiano Antonio Negri ha hecho un análisis detallado de este fenómeno a partir de las nuevas formas de trabajo: “Puesto que la producción de servicios da por resultado un bien no material y durable, definimos los trabajos implicados en esta producción como trabajo inmaterial —esto es, un trabajo que produce un bien inmaterial, tal como un servicio, un producto cultural, conocimiento o comunicación—.”[11]    

Por lo tanto ya no es posible quedarse únicamente en la concepción del trabajo fabril, sino también se debe poner atención en trabajo el inmaterial (aquel que no produce una mercancía objetivo-material). Aun así, Marx sirve como fundamento, el punto de partida. El trabajo inmaterial ciertamente es necesario comprenderlo y asimilarlo en toda su riqueza por cuanto ha cambiado el rol del trabajo. No obstante, esto no supone que se haya dado una eliminación de la explotación, y en consecuencia, que haya desaparecido el concepto de clase social y lucha de clases.

Al contrario, lo que sucede es que estos conceptos se tienen que enriquecer con las nuevas formas producción tejidas en red y en la que se hace presente el capital global.  Esto también lo hizo notar Paulatzas, cuando escribió: (…) en cuanto al capitalismo, si bien todo agente perteneciente a la clase obrera es un asalariado, no todo asalariado pertenece forzosamente a la clase obrera.”[12] La necesidad de pensar el proyecto cambiante de las relaciones de producción en el siglo XXI, tiene que estar orientado a la necesidad de las circunstancias, históricamente situadas, para hacer ver que, en efecto, la lucha de clases no ha sucumbido, está latente, pero bajo otra cara.

Mientras que Marx, en efecto, apreció la confrontación directa del trabajador obrero con el capitalista, hoy los centros de contención se han difuminado en tanto que la concentración del capital justamente ha trascendido en su grado máximo a los monopolios transnacionales. La explotación, empero, se halla en esta nueva red. No puede existir el capital sin esa condición fundamental que implica el despojo del excedente justificado en un marco jurídico. Por ello, la lucha de clases y la eliminación de las clases sociales consiste justamente en el cese de esa explotación, aunque la idea se torne regulativa y práctica en la lucha, la tendencia no es otra que invertir la relación de fuerzas en el sistema de explotación. La lucha de clases y el fin de las clases sociales es una hipótesis que aún hoy expresa una relevancia teórico fundamental en un horizonte ético, político y económico en relación a la vida que corre en el siglo XXI.       




[1] Leszek Kolakowski, Las principales corrientes del marxismo, ed. Alianza, Madrid, 1978, p. 15
[2] Luis Althuseer, “Dos o tres palabras (brutales) sobre Marx y Lenin”, en Dialéctica, Año V, número 8, Junio 1980, UAP, p. 100.
[3] Ibídem, p. 14
[4] Cfr. José Ferrater Mora, Diccionario de filosofía, Tomo I, ed. Ariel,2009, p. 574
[5] Karl Marx, citado por Arnoldo Córdoba en Sociedad y Estado en el mundo moderno, ed. Grijalbo, México, 1976, p. 249. 
[6] Pierre Vilar, Iniciación al vocabulario del análisis histórico, ed. Crítica, Barcelona, 1982, p. 109
[7] Luckacs, Historia y consciencia de clase, ed. Grijalvo, México, 1969, p. 59
[8] Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, ed. Fundación Federico Engels, Madrid, 203, p. 107
[9] Vladimir Lenin, Una gran iniciativa, <http://laforja.cat/media/1038/una-gran-iniciativa-vladimir-ilich-lenin.pdf>. [Consulta: 2 de diciembre de 2018]
[10] Louis Althusser, La filosofía como arma de la revolución, ed. Siglo XXI, México, 1974, p. 20.
[11] Antonio Negri y Michael Hardt, Imperio, ed. Paidos, Buenos Aires, 2002, p. 270.
[12] Nicos Paulantazas, Las clases sociales en el capitalismo actual, ed. Siglo XXI, México, 1976, p. 195


La sombra de Prometeo

No hay comentarios:

Publicar un comentario