De la existencia y sus deberes

Úrsula Vázquez


En algún punto nos ha sucedido a casi todos que queremos hacer algo bueno por el mundo y la humanidad o al menos nuestro mundo y nuestra propia vida. Comenzamos a pensar en grande pretendiendo ser el próximo genio del siglo, inventores de tecnologías, descubridores de curas, creadores de innovaciones y demás elevadas expectativas. Pronto notamos que esa es una tarea no sólo difícil sino subjetiva e ilusa, entonces tratamos de llevar el ingenio a la realidad inmediata de nuestro entorno y tiempo  Pasamos los años estudiando sistemas racionales de escritores respetables para intentar buscar una razón propia que determine la base de la existencia. Con ironía y gozo culpamos a la condición de juventud de nuestras inclinaciones para satisfacer las pasiones que seducen el sistema nervioso. Después de experimentar todos los excesos púberes comienza a acechar la duda de si dejará huella en el mundo algo de nosotros. Claramente tener hijos ya no es una opción, porque la pila de cadáveres embrionarios y fetales en los inodoros es extensa, porque ya nadie quiere pertenecerle a nadie más: ningún sujeto, ninguna causa decente y armoniosa con la evolución, ninguna nación, ni siquiera a sí mismos. Reconocemos un “amor a la libertad” sin renunciar a las adicciones hormonales y emocionales que no nublan el juicio determinado a evitar nuestra entrega. Las alternativas se van deshaciendo al encontrar pretextos para reforzar la división de la humanidad. Renunciamos a cualquier eternidad y atadura con tal de oponernos al orden natural de la extinción de los días de juventud. 

Se nos impone en ese sentido elegir un solo bando extremista: la negra debe enaltecer su raza, pero la blanca no puede enaltecer su propio bando, sino el otro, de lo contrario es racista, si creo en el progreso mi deber es aceptar y promover el multiculturalismo, pero si apoyo mis raíces mi deber es ser excluyente y retrógrada, si soy mujer mi deber es ser feminista. Pero qué extrañeza vociferante es alzar el grito sobre otro ser humano para pretender ejercer la supremacía de mi poder, que además no es el mío, sino el de ellas, y para ser más precisos el de las mismas cabezas de los que desean más poder. Solía defender la terminología, con la consciencia de aquellos que un poco de historia conocemos, hasta que me encontré con la institucionalidad que justifica, defiende y promueve la misma corriente de pseudo feminismo extremista. Así que, si lo acogen para sus fines políticos dejaré de hacer hincapié en ello. En lugar de buscar concordia y realización en el uso de la razón y la práctica de la fortaleza, se nos esgrime para continuar la violenta imposición de ideologías al día de hoy, ya sin sentido. La incoherencia de su sistema no deja demasiadas opciones de acción porque como toda ideología intolerante, si muestras discrepancia te conviertes en enemigo automático directo. Pero olvidamos que en la insistencia de forjar una línea divisoria cada vez más violenta provocamos una respuesta cada vez más agresiva también. Y aquellas mujeres que sufren condiciones de machismo real, están cada vez más alejadas de las posibilidades de defensa propia justificada y necesaria debido a estos ejemplos de rudeza y odio de su movimiento. Curiosa acción ya que en principio fue esa naturaleza agresiva del machismo la que causó la estampida de desesperación feminista, como un perfecto ciclo de causa-efecto sin fin.

Los grandes sabios siempre llegan al mismo punto: La soledad es la cresta que permite la genialidad en un individuo. Pero hay que disentir con orgullo, el camino del solitario no es tan bello y todo aquel que lo ha pasado lo sabe. El anhelo sólo proporciona soledad en la cúspide de un nihilismo deprimente porque se pierde incluso lo ya considerado perdido, la existencia sigue su curso de caos en orden y el mundo sigue haciendo para lo que ha nacido: vernos agonizar. Los juicios de los demás hacia nosotros nos restan autonomía y les proporcionan poder sobre nuestra valía al intentar representar lo que ellos desean. Lo que somos es la única certeza de nuestro valor. El pensamiento racional y creativo para liberarnos del apego y forjar una voluntad firme que supere esta imposición disfrazada que nos niega  la posibilidad de elegir

¿Esperaremos la vejez para liberarnos de todos los estorbos: la ira, la duda, la inquietud, la aversión y la ignorancia incluso a sabiendas de que lo peor queda para el último?
 Procurar conservar o hacer renacer la capacidad de solidaridad, amor, gratitud, serenidad e inspiración debiera ser nuestra convicción y saber conservar los lazos con seres afines con nuestro espíritu y pensamiento, como íntimos compañeros en la efímera eternidad de nuestra existencia. Una sonrisa se bosqueja en nuestro rostro cual  presagio de la lucidez y la virtud que podemos rescatar, sólo si podemos fabricar una fortaleza de pensamiento crítico desapegado de conmiseraciones hacia supuestas víctimas, alejado de correcciones políticas, superior a los placeres inmediatos destructivos en todo sentido y fuera de la vil trampa en la que nos encierran.

La sombra de Prometeo

3 comentarios:

  1. muy rico el artículo, me gustó mucho
    att, Edgar Castillo.

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  2. ES UNA INSPIRACIÓN DIVINA!! EXCELENTE

    ATTE, CHRISTOBAL GONZALEZ

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  3. UNA INSPIRACIÓN DIVINA! EXCELENTE ME GUSTÓ MUCHO

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